lunes, 6 de octubre de 2008

En Memoria de Abuela -


Antena en Juan Rajón


Gomeraverde - La Gomera, artiículo de opinión / El lunes 15 de septiembre de 2008 a las 8:10 de la mañana murió Eugenia Chinea Hernández, mi abuela. Y lo hizo de la mejor forma posible: sedada, durmiendo, con sus cuatro hijos velándola, su respiración se fue apagando y entre sueños dejó este mundo para vivir para siempre en nuestros recuerdos. Mi abuela fue desde siempre una persona extremada y activamente religiosa,
era muy raro no verla todas las semanas en misa o formando parte de todas las iniciativas que significaran ayudar a los demás. Fue por eso quizás, por lo que el destino le evitó tener que pasar por la quimioterapia con la que iban a tratarle el cáncer que terminó por agotar su fuerza vital. Dios quiso que no tuviera que sufrir esa terapia que, como he leído hace poco, "te mata para salvarte la vida".
Abuela Eugenia era, sobre todo una gran mujer, una de esas personas con la chispa suficiente para ponerse "al mando", para coger las riendas, de esas que te animan cuando todo parece perdido. Lo demostró cuando, de la nada, ayudó a fundar una asociación de mayores que es, hoy en día, un centro ejemplar, un monumento a nuestros padres y abuelos, esos que dieron la juventud trabajando para que no nos faltara de nada. Y lo hizo sin apoyos, con zancadillas institucionales simplemente porque nunca fue una persona sumisa. Siempre defendió su forma de pensar, nunca se inclinó ante el político de turno, y eso, en Valle Gran Rey, no gustaba.
El último proyecto de mi abuela, el que le costó la vida, fue el único que no pudo llevar a cabo. Recuerdo que, días antes de morir, todavía tenía fuerzas para arremeter contra las dichosas antenas. Ahora me emociona recordar su cara, la extrema atención con la que escuchaba o se expresaba cuando hablábamos sobre las acciones a llevar a cabo; los últimos informes que demostraban la ilegalidad de las obras en Juan Rejón; o, los rumores que confirmaban que el ayuntamiento sólo se estaba llevando 400 euros cada dos meses. Ridícula cantidad pensando en las cifras que se barajan por la colocación de una antena de telefonía. ¿Es qué alguien está cobrando lo que debería ingresar el ayuntamiento? ¿Tal vez aquellos que luchan para que no las quiten?
Ella siempre estuvo convencida de que sus problemas de sueño, el continuo estado de alteración, el vaivén de su tensión arterial,…y, el propio linfoma, eran causados por las antenas, así lo dijo hace pocos meses cuando la gente de Canarias Directo visitó a los vecinos y la entrevistó. Y no lo creía sólo por achaques de edad o porque si, no eran cosas de viejos, lo creía porque todos lo creemos, porque todos los vecinos lo sufren y lo comentan, y porque antes no pasaba. Antes la Calera era un paraíso de tranquilidad, aire limpio, preciosas vistas y salud. Pero eso fue antes, mucho antes de que los políticos de turno nos señalaran con el dedo y decidieran que los que debíamos ir muriendo poco a poco éramos nosotros.
A decir verdad, creo que es injusto acusar a nadie del cáncer que sufrió mi abuela, vivimos en un mundo en el que cada día se descubre una nueva causa, un producto cotidiano que resulta ser letal para la salud. Quizás las radiaciones provocadas por las antenas de radio, televisión y telefonía móvil no tuvieron nada que ver. Por eso solo puedo acusarles de alterar la tranquilidad de los vecinos, de no oírles, de vivir de espaldas, de reírse, de tratarlos de locos,…cuando lo único que perseguían, lo único que defendían era la salud de sus familias, de sus amigos, de sus vecinos…
En los años 60 del siglo pasado, un médico norteamericano dijo que el tabaco era el causante de los problemas cardiorrespiratorios, vasculares y de varios tipos de cáncer, lo sacrificaron por intereses económicos, lo silenciaron; hoy día está más que demostrado. Hace menos años, el amianto era un producto cotidiano, un aislante eficaz, una fibra muy utilizada que nos mejoraba la vida. Los trabajadores que lo manipulaban también se quejaron, también sentían que les estaba haciendo daño, y también fueron ignorados. Ahora está totalmente prohibida su uso y comercialización, ahora sabemos que es dañino, pero ahora ya es tarde para muchos de aquellos trabajadores.
No quiero nombrar a nadie, pero en La Calera, a 30 metros de las antenas, vive un hombre con su familia, el médico le preguntó a ver los resultados de unas pruebas si había trabajado en una central nuclear; una señora, que perdió un hijo de leucemia, ahora tiene miedo de que su hija y su nieto la visiten porque su casa está a 20 metros; varios casos de cáncer más; niños y ancianos expuestos a la radiación;… palabras como linfoma, quimio, radio, biopsia, ahora son cotidianas entre nosotros… mi abuelo, mi madre y mi padre siguen allí, también el amigo Suso con su familia, Julia sólo tiene 3 añitos; Luis Fernando y su familia; Manolo, Mariquita y "tía Frasca"; Julio Cruz y Toña; Arturo y su familia; Ramón con su mujer, sus hijos y un nieto recién nacido; Ana trabaja allí y cuando puede sus hijos la ayudan; Dña. Victoria con sus hijas y nietos; … muchos vecinos de la Calera, El Chorro, Las Orijamas,… y hasta hace muy poco mi abuela Eugenia. Los vecinos y vecinas de la Calera sólo piden una cosa: NO SER IGNORADOS!!! En nombre de mi abuela, y en su memoria, pido que desaparezca las antenas ilegales de una vez. Para los responsables… como diría ella: "hay un dios en el cielo".

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